Se sabe que los desiertos tienen muy pocas precipitaciones. Si las precipitaciones son escasas, ¿no serán las nevadas aún más raras? Pues bien, lo imposible ocurrió en 2018 y el desierto del Sahara se cubrió de un manto de nieve blanca. Sin embargo, la nieve solo dura un día antes de retirarse bajo el sol cálido.
La primera nevada registrada fue en 1979: una tormenta de nieve que se congeló media hora. Aunque las temperaturas bajan hasta el punto de congelación por la noche, la falta de humedad hace casi imposible que se produzca nieve. Pero quién sabe, ¡puedes que tengas la suerte de verla en tu próximo viaje al Sáhara!



